INFORMACION

14.10.2010 07:29

“Ahora tengo mi mirada fija en Cristo”

Pescador desde muy niño, Efraín Zúñiga nació y vivió la mayor parte de su vida en el departamento de Ancash (Chimbote) llegando a ser un experto pescador.

Fueron muchas las denominaciones a las que asistió, tratando de encontrar una verdadera paz y verdad, sin darse que solo en Jesucristo y en su Palabra encontraría el descanso espiritual que tanta anhelaba.

Ya en edad adulta se casó y llegó a tener cuatro hijos. Su familia se mudó al departamento de Lima. Mientras tanto, Efraín, amante de la pesca, continuó trabajando muchos puertos porque su gran experiencia le permitió abrirse puertas y superarse económicamente.

En medio de la bonanza, una llamada  telefónica entristeció profundamente su corazón, era su esposa quien le anunciaba que el pastor de la iglesia donde asistían había caído en adulterio. 

Muy decepcionado prohibió a su familia asistir otra vez a esa iglesia y comenzó en la gran búsqueda de una nueva denominación a dónde congregar.

Efraín amaba a Dios, y para no dañar a su familia comenzó a realizar pequeños servicios en casa, alimentándose el mismo con la palabra de Dios por cinco meses.

Para ello, su hermano José Zúñiga había escuchado por un emisora cristiana  a un predicador llamado Rodolfo González  Cruz. José nunca había escuchado una predica igual, era diferente y de inmediato llamó a su hermano Efraín para decirle  que había un pastor que predicaba conforme a la Biblia, como a él le gustaba.

La invitación llegó a Efraín, quien animado por su hermano no dudo en asistir con toda su familia.  En su primera visita se dio cuenta de la mala condición en la que vivía y sin resistirse a Dios pasó al altar y se reconcilió con el Señor.

En el altar sintió la mano del pastor sobre su cabeza que oraba por él, y a su vez la presencia de Dios que hacía la obra en su vida. Una  experiencia inolvidable, la misma que le sirve para mantenerse hasta el día de hoy.

Luchó duramente con el Señor por que  no quería dejar la pesca, pero Dios lo estaba llamando para un baluarte de su obra, en donde hasta el día de hoy labora incansablemente.

14.10.2010 07:28

“Solo en Cristo hay victoria”

José Luís Sánchez,  el mayor de tres hermanos, fue un niño que desde los seis años comenzó a sentir una atracción por personas de su propio sexo, debido a que una noche al estar en el bar de su padre encontró una revista pornográfica y luego de verla sintió que algo muy extraño se apoderaba de él.

En el colegio siempre se mostraba con  excelentes calificaciones, con una buena actitud para encontrar amistades. Pero también tenía una doble personalidad, en el día era ejemplar pero llegada la noche era poco decorosa.

Mientras su padre atendía en el bar y su madre estaba con amistades, el pasaba el tiempo con un grupo de jóvenes que solo lo ayudaban a acercarse cada vez más hacia el abismo. 

Aún en su juventud creyó que  las enfermedades venéreas no eran para él y así continúo su vida llegando a vestirse de mujer.

Inclusive su madre tenía que salir a buscarlo algunas noches y en una oportunidad  al encontrarlo en la calle, desesperada lo golpeó delante de la gente. A solo unos minutos de este suceso un auto se detuvo delante de él y así comenzó a prostituirse.

Incursión en las drogas

Un pecado lleva a otro. Empezó oliendo terokal y terminó consumiendo cocaína, le gustaba andar con  mujeres, no con homosexuales porque hacían mucho escándalo.  

En el día vestía y actuaba como un varón e inclusive salía a trabajar como tal.  La empresa textil en la que laboraba rendía muy buenas cuentas de él; llegaba temprano, era responsable y hacía horas extras. Pero nadie sabía la gran tristeza que llevaba dentro de su corazón.

Luchaba con sus propias fuerzas para vencer su inclinación sexual, durmiendo temprano para no despertar sino hasta el día siguiente. Sin embargo, algo hacía que se levante y al mirarse al espejo se pintaba, se colocaba ropa de mujer y salía nuevamente a las calles.

Una tarde  al regresar a  casa  y discutir con su madre, quien ya no lo dejaría salir por los constantes escándalos que realizaba, decidió quitarse la vida y se lanzó del cerro cayendo sobre unos fierros retorcidos y clavos.

Inmediatamente el dueño de la casa quien tras sentir el ruido de la  caída  fue a auxiliarlo, pero él solo respondía: “Suéltame, suéltame, no me toques”. Luego se levantó y se fue sangrando.  

Tras esta circunstancia, Jesucristo llega a su hogar por medio de su madre. Ella había conocido a Cristo, y oraba constantemente por su hijo.

Al pasar el tiempo su madre le dijo: “Ya no puedo ser cómplice de tu pecado”.  Es así que José Luís decidió irse de casa por cuatro años.

Una noche sintió que del cielo bajaba algo y se introdujo en su corazón, desde ese momento sintió un gran rechazo por la vida que llevaba.

A pesar de esto, José Luis culpaba incansablemente a Dios por la vida que llevaba, creyó que Él lo había hecho así.  

Al poco tiempo, una llamada telefónica preocupó a su madre, le informaron que su hijo estaba totalmente ebrio y un grupo de jóvenes lo quería asaltar. Su madre llegó al lugar de los hechos y de inmediato lo trajo de vuelta a casa.  

El toque del Altísimo

José aún no percibía el amor que Dios y su madre sentían por él. Al regresar de una borrachera escuchó cómo oraba su madre diciendo: “Señor, yo no sé donde esta mi hijo,  pero tu si sabes donde está, y tu lo vas a cuidar Señor porque tú has prometido que lo vas a salvar”.

Mientras escuchaba las palabras de su madre una voz le decía: “Mira como está tu familia  no sirves, mátate, eres un inútil”.

Al escuchar esto entró corriendo a la cocina, tomo un sobre de veneno y un vaso de agua, los mezcló en su cuarto y tomó el mortal brebaje.

El efecto se produjo al instante, José cayó al suelo y comenzó agonizar. Su madre al darse cuenta comenzó a decirle: “Que has hecho, si te mueres en esa condición no sabes a dónde vas a ir pídele perdón a Dios,  y comenzó a clamar por su hijo fervientemente”. 

Al instante dejó de convulsionar y expulsó todo el veneno. La misericordia de Dios había llegado a su vida.

Al día siguiente, con el cuerpo adolorido, recibió la visita de un amigo quien lo animó a salir a la calle pasear para poder despejarse un poco. 

Al encontrarse en la calle comenzó a escuchar a lo lejos una canción que lo envolvió por completo, al acercarse hasta el lugar de donde se emitía la música se dio cuenta que era una melodía cristiana. 

Por dos días escucho esa canción sintiendo una gran paz en su alma y al tercero cayó de rodillas diciéndole a Dios: “Señor si tú eres real, si tú existes como me habla mi madre ayúdame. Mira como estoy viviendo yo también te necesito ayúdame”. En ese momento su primo que era cristiano tocó la puerta de su habitación y lo invitó a la iglesia.

 Esa misma noche, José Luís recibió a Cristo en su corazón. El Todopoderoso hizo inmediatamente la obra en su vida, porque al abrir sus ojos, el mismo se dio cuenta que ya no era el drogadicto, el homosexual, el alcohólico ni el ladrón que fue en el pasado. Cristo había llegado a su vida para siempre.

14.10.2010 07:28

“No hay mejor trabajo que el de la obra de Dios”

William García  creció en un hogar que creía en Dios, pero a su manera. Esto causó que los conflictos en casa se acrecienten con el paso de los días.

A los catorce años y con un mal ejemplo familiar, comenzó a sentir una atracción por las cosas del mundo.  Siendo cobijado por sus amistades que lo llevaron por el mal camino.

Al no encontrar una congregación donde se predique la verdadera palabra de Dios, y al no asistir a ninguna iglesia, el enemigo aprovechó de la condición espiritual de William para acertarle certeros ataques.

Una noche su madre tuvo un sueño de parte de Dios en el que se encontraba  ingresando en un edificio donde mucha gente alababa a Dios de todo corazón, y el hombre que predicaba dirigiéndose a ella dijo: Tú tienes que venir a la Iglesia.

Mientras tanto, Dios comenzó a hacer su obra en el joven William hiriendo su vanidad, le salieron heridas en su cabeza, produciéndole caída de cabello.

Al pasar el tiempo, una amiga de la madre la invitó a la iglesia central del Movimiento Misionero Mundial donde comenzó a congregar.

Aún con el testimonio de su madre, William continuaba con luchas y pruebas que no podía entender y ante su desesperación dijo: “Señor tu eres el Dios que de niño conocí, ¿Dónde estás Señor? Yo quiero que me des una oportunidad, yo quiero que tu le des sentido a mi vida.”

Al llegar a la iglesia  propuso en su corazón entregarle todo a Cristo y desde esa noche su vida fue diferente.

Al ingresar a la universidad y de la mano de Cristo,  pudo ser de testimonio a sus profesores y compañeros de un verdadero cristiano.

Aún joven y al ver tanta necesidad en la obra de Dios,  decidió servirle con sus conocimientos. “Te voy a servir con mi profesión siempre, yo  te voy a servir con mi carrera. Si algún día te sirvo será porque tú mismo me llamas”, imploró al Altísimo.

Pero Dios le dio el sentir de buscar su rostro, mostrándole  en una visión espiritual a un niño muy triste, a una pareja que discutía, jóvenes desorientados. “Tú tienes que predicarle mi palabra a ellos”, le repetía el Señor.

De pronto, las puertas de los negocios se le comenzaron a cerrar; sin embargo, Dios tenía una puerta mucho más grande para Él.

Un día Dios le permitió entender el propósito de porqué lo trajo a sus caminos y le dijo: “Si tu naciste es porque Yo te había escogido, a la edad de 6 años Yo salvé tu hogar porque Yo quería que crecieras en un hogar cristiano, Yo tenía un plan para ti, tu saliste de tu trabajo pensando en tus planes humanos, pero no eran tus planes humanos, era Yo que estaba interviniendo porque quería traerte a mi obra, a Bethel”.

Desde ese momento comenzó a entender cual era el plan que Dios tenía para su vida. William trabaja actualmente en el área de Telecomunicaciones de Bethel y tiene una vida familiar a la luz de Cristo.

14.10.2010 07:27

“Camino mi vida de la mano de Jesucristo”

Dévora Vicuña, nació en un hogar donde Cristo reinaba. Su Madre encontró en el Señor Jesucristo el consuelo ante el abandono familiar que realizó su padre, dejando a su progenitora con dos niños a cuestas y otro por venir.

Fue creciendo rápidamente y a los siete años de edad se integró al coro de niños donde participó fervientemente. Dios seguía bendiciéndola entregándole el don del canto con el que ella aún Le sirve de corazón.

No obstante, los problemas en la niñez y adolescencia no son la excepción en la vida de un cristiano. La presión de los compañeros y amigos del barrio ponían a prueba sus principios bíblicos.

Victoria tras victoria

Sin embargo, a pesar de su corta edad pudo entender que todas las batallas se vencen con oración, fue así que sus dudas eran disipadas y alejadas al pie del altar. Comprobó reiteradas veces que la mejor manera de caminar por la vía angosta era de la mano de Jesús.

En Jesús encontró la figura paternal que ella tanto anhelaba. Le pidió que llene ese espacio que había en su corazón, que se convierta en el papá que tanto le hacía falta. Y sus peticiones fueron concedidas.

Tras recibir el bautismo del Espíritu Santo, su vida fue renovada completamente. Además, los consejos de su madre y su hermana mayor fueron de gran ayuda para que no desmayara en los caminos del Señor.

A los 14 años de edad, Dévora  decide inscribirse en la doctrina para así pertenecer oficialmente a la Iglesia y a los 16, luego de una dura batalla, ella  pudo bautizarse cumpliendo así con un gran anhelo.

Actualmente, Dévora continua con su mirada fija en Dios, no piensa retroceder ni un milímetro y muy cerca a casarse espera tener una familia feliz que también le sirva al Todopoderoso.

14.10.2010 07:22

“Mi Padre Celestial nunca me abandonó”

Carmen Azabache, parecía tenerlo todo. Sin embargo, nunca pudo entender porque su padre abandonó a su familia cuando ella recién era una niña.

Frente a sus amistades siempre esbozaba una sonrisa y aparente felicidad, pero al llegar a  casa  comenzaba a llorar a solas en su dormitorio anhelando la presencia de la figura paterna.

El día del padre  y de la madre no eran festejadas en su hogar. Su padre lejos y su progenitora con la responsabilidad de  sostener a siete hijos trabajando durante todo el día no permitía que esos días sean de fiesta.   

Para evitar los comentarios en clase, Carmen siempre inventaba  una historia. “Mi padre tiene mucho trabajo y está viajando y a veces me trae lindas cosas”, le contaba a sus amigas para evitar preguntas incómodas.

Pasaba el tiempo ensayando danzas típicas en la escuela, intentando decorar la soledad que la rodeaba y la tristeza que embargaba su ser.

“Quería sentirme importante  y que ocupaba un buen lugar ante la mirada de todos”, nos cuenta Carmen. 

Pero su madre, de familia conservadora, rechazaba que su hija se exhiba públicamente bailando.

Ya en la juventud las amistades la inducían a la diversión, pero siempre cuidaba su reputación y evitaba los escándalos.

“Todos creían que ella, la última de los hermanos, los iba a sacar adelante, por lo tranquila y estudiosa que era”, relata su madre.

Sin embargo, muy pronto una noticia sorprendería a la familia Azabache. La joven Carmen había salido embarazada producto de una relación que su madre nunca había aprobado.

La gestación se confirmó tras el análisis médico que se realizó para ingresar a la escuela de la Policía Nacional del Perú.

Su madre, quien fue la primera en enterarse de su embarazo, no lo podía creer, su pequeña hija en quien había puesto todas sus esperanzas estaba con tres meses de embarazo.

Al enterarse de la situación, su familia quedó muy decepcionada. Carmen intento suicidarse tras entrar en una profunda depresión.

Hasta el momento de su alumbramiento decidió no salir a la calle porque tenía mucha vergüenza que sus vecinos y amigos la vean en esa condición.

Al nacer su bebe, su hermano  le aconsejó que se casará. Pero el padre de la criatura nunca lo aceptó, siendo el punto para una definitiva separación.

Cambio de vida

La salvación  llegó a su vida  gracias a la emisora  que sintonizaba su hermana, quien dio aviso a su familia sobre un grupo de pastores cristianos que no cobraban por orar y se oían realmente como siervos de Dios. 

Su hermana mayor tenía un problema migratorio; y sin esperar más la familia decidió asistir a la iglesia del Movimiento Misionero Mundial para que oren por ella.

Luego de un tiempo, su hermana, quien ya se había entregado al Señor, la invito a que asistiera a la iglesia diciéndole que tenía que disponer su corazón para que Dios la pueda ayudar en cualquier situación en la que se encuentre.

Carmen decidió asistir nuevamente al templo. “Ese día Dios utilizó al predicador para hablar a mi vida, parecía que alguien le había contado toda mi vida al pastor. Entre lágrimas  y quebranto dio su paso de fe y me entregue a Jesucristo donde le prometí a Dios nunca fallarle”, detalla nuestra hermana.

Luego de constantes dolencias, se realizó un examen médico creyendo que con unas pastillas  se resolvería todo. Sin embargo, la doctora le dijo: “Usted tiene cáncer a los huesos y no hay remedio, sino calmantes para eso”.

Su madre comenzó a desesperarse y encontrar la manera cómo conseguir el dinero para su tratamiento y las medicinas.  Pero la fe de Carmen la hizo decir: “Dios puede hacer algo mamá”.

Y es así que durante una masiva actividad esperó un milagro de parte de Dios. Todos los días Carmen clamaba por su bendición, por su sanidad.

Al pasar los días parecía que no sucedía nada, pero decidió mantener su fe hasta el final.  El último día de reuniones el Señor le dio la mejor de las experiencias.

“Al estar en el altar pidiéndole a Dios por mi sanidad y creyendo que él podía hacer algo, una hermosa luz me iluminó, sentí que esa luz desvanecía todo el dolor en mis huesos”, cuenta Carmen.

En ese momento Dios le añadió algo más, el bautizo del Espíritu Santo, el poder de Dios se había manifestado a su vida por su fe.

Actualmente Carmen labora en la Red cristiana Bethel, vive sana y confiada en que el Todopoderoso la acompaña día a día a ella y a su hijo.

14.10.2010 07:21

“Descubrí que solo Dios puede darnos el verdadero éxito”

Juan Carlos Pérez  nació en Chimbote y desde muy pequeño sintió el llamado para servir a Dios. Inclusive, llegó a ser acólito y deseaba ingresar a un seminario.

Sus padres siempre se preocuparon por brindarle una buena educación y el, junto a su hermano gemelo, se esforzaron mucho por dar todo de sí mismos.

A pesar de que la economía familiar comenzó a menguar, su padre hizo todo lo posible para hacer terminar a sus hijos la universidad y lo logró.

Juan Carlos tenía 16 años cuando tuvo que afrontar la muerte de su progenitor, un suceso que marcó profundamente su vida.

Ante esta adversidad y con el afán de seguir adelante, su hermano viajó a Argentina y el joven Juan Carlos quedó a cargo  de la empresa familiar.

Luego de un tiempo, obtuvo una beca para estudiar en EEUU, pero una fuerte crisis que azotó al mencionado país lo obligó a retornar al Perú.

Juan Carlos empezó a  comportarse altivamente y no le gustaba escuchar los consejos de los demás, comenzó a sentir que en su vida le faltaba  algo, pero no entendía qué.  Se sentía lleno de complejos y debilidades.

Un día tuvo un sueño de parte de Dios, quien le  mostró una iglesia y a él dentro de ella. Luego de este mensaje sintió que debía servirle a Cristo de todo corazón.

Al poco tiempo, una familia amiga lo invitó  a participar de un servicio cristiano al cual asistió.

Su sorpresa fue grande cuando al ingresar a esa iglesia en Chimbote era la misma que Dios le mostró en su sueño y al observar al predicador, era el mismo que en el sueño hablaba de la misericordia y salvación que solo hay en Cristo Jesús.

Tras el servicio salió distinto, comenzó a creer que Dios tenía algo preparado para él, que el mismo Dios lo había traído. El amor de los hermanos y la paz que se sentía lo ayudaron a compenetrarse con la congregación y a escudriñar las escrituras.

Su familia, muy católica, no entendía la actitud de Juan Carlos, su madre fue a consultar acompañada de una hermana suya a una adivina, intentando saber por qué su hijo tomó la decisión de ir a una iglesia evangélica.

Pero la bruja no pudo  descifrar que le pasaba a Juan Carlos. Dios enmudeció su boca y no le permitió hablar, sólo logro decir que no podía encontrar nada  acerca de aquel muchacho, él estaba cubierto por un poder más fuerte del que ella tenía.

Desde ese entonces, Juan Carlos fue respetado por su familia, quienes no entendían bien que poder lo protegía.

El trabajo de construcción heredado por  su padre iba viento en popa. Sin embargo, las comidas y las reuniones con sus amistades lo hacían sentir cada vez más incómodo. 

Cierto día, decidió romper con todo y buscar otro trabajo que no lo alejara de las cosas de Dios, confiando en Su Palabra que dice: “No hay justo desamparado ni su simiente que mendigue pan”.

Por su fe,   Dios le demostró que en Él no hay nada imposible, permitiéndole introducirse en el mundo de las comunicaciones y estudiar administración en la universidad.

Para Dios no hay nada imposible

Al poco tiempo, surgió la posibilidad de que él pueda manejar algunos equipos de televisión por cable que adquirió su centro de estudios, es así que envió una carta a las autoridades universitarias, logrando acceder a los equipos y pudo adquirir la empresa.

Sin embargo, con el paso del tiempo, una denuncia contra la compañía, por un millón de dólares, lo hizo sumirse en una profunda preocupación y empezó a buscar más a Dios.

Durante los seis meses que duró el juicio Juan Carlos decidió romper de una manera definitiva con todo, entendiendo que Dios lo estaba llamando, que quería servirle.

Juan Carlos que tuvo que viajar a Lima para resolver los papeles de la denuncia, conversó con el abogado que llevaba el caso a quien le contó su testimonio y le habló del poder de Dios.

Ante su relato, el abogado quedó sorprendido del cambio que puede hacer Dios en las personas y le dijo que sólo mandara  un escrito en el que reconociera la falta que había cometido.

Tras algunas semanas se declaró improcedente la denuncia. Juan Carlos solo pudo llorar y agradecerle una vez más a Dios por su infinita misericordia.

Cuando quiso estudiar otra carrera universitaria todas las puertas se cerraron y ya no pudo luchar contra quien lo estaba llamando como pastor.

Actualmente, la  mano de Dios sigue manifestando en su vida.  Hoy, el pastor Juan Carlos Pérez y su esposa Ángela están a cargo de la iglesia del Movimiento Misionero Mundial en San Borja.

14.10.2010 07:21

“Nada supera al amor de Dios”

Ángel Osorio desde pequeño tuvo que vivir los continuos golpes que le propiciaba su padre a su madre. Esto junto a la enfermedad cardiaca de su progenitora y el sufrimiento de sus hermanitos lo sumergían en una gran tristeza.

Con el paso del tiempo Ángel decidió dejar su natal Cerro de Pasco para viajar a Lima en busca de un futuro mejor.

Es así que a los catorce años el joven Ángel inmediatamente encontró un trabajo como ayudante de mecánica automotriz, descubriendo que tenía gran potencial para esta labor.

Su hermana Rebeca quiso de todas formas de introducirlo a la Marina, pero las amistades hicieron que se olvidara de los estudios y sintiera atracción por las fiestas y las salidas.

Aún siendo menor de edad ya contaba con un taller de mecánica a su cargo. Pero junto al dinero empezó a adquirir malos hábitos, empezó a concurrir a clubes nocturnos donde conoció a mujeres, a ingerir licor durante todos los días de la semana. Posteriormente, regresaba a casa muchas veces sin zapatos y sin dinero para almorzar.

Malas amistades

Sin embargo, sus exquisiteces lo tentaron a acudir a lugares más costosos. Y ante la falta de dinero, sus propios amigos lo introdujeron al camino de la delincuencia.

En el primer atraco se llevaron 12 mil intis, que repartieron entre cuatro y todo ello se esfumó en una noche de diversión sin importar que para a su víctima probablemente le quitaron los ingresos de todo un día de trabajo.

Quienes lo conocían le pusieron el apelativo de “El Infeliz”, porque aparentemente su vida ya no tenía sentido.

“Experimente siempre un gran vacío por no tener nada en el bolsillo ya que gastaba todo en vicios a pesar de ser un próspero empresario”, cuenta Ángel.

Sus clientes al verlo siempre tomando comenzaron a irse, y él a quedarse sin empleo.  

Una tarde, llegó un cliente diferente, uno que dejó su Biblia en la guantera del auto, y el joven Ángel al darse cuenta de este libro le preguntó de qué iglesia provenía.

El cristiano le predicó diciéndole que sólo Cristo podría cambiar su vida y lo podría hacer feliz.  Al escuchar esto, él abrió su corazón y aceptó la invitación que le hizo el hermano para ir al templo.

En ese entonces ya se había enamorado de una joven llamada Esmirna, con quien tenía continuas discusiones y malos entendidos.

Justo antes de ir al templo un grupo de amigos llegó  a su taller para tomar licor con él. En ese instante llegó Esmirna y le dijo: “Ángel, tú has aceptado ir a una iglesia y ¿Cómo vas a ir mareado a una iglesia? No puedes tomar”.

Al oír esas palabras Ángel dejó la botella de cerveza y junto a Esmirna fueron al templo donde los invitaron.

Esa noche Dios habló a sus vidas y los cambió, rompiendo las cadenas de los vicios que los ataban a las cosas del mundo y cambiando sus vidas para siempre.

Hoy, ya unidos en matrimonio, sirven a Dios y son verdaderamente felices. Tienen a cargo una congregación en la provincia constitucional del Callao donde trabajan a tiempo completo para Dios.

14.10.2010 07:20

“En Cristo encontré la victoria”

Armando Richard Alarcón León nació en el distrito de Breña y es el tercero de siete hermanos.

Desde muy pequeño vivió el maltrato  que le propinaba su padre a su madre, sin pensar en las consecuencias que este tipo de acciones le traería a sus hijos.

Fue el mejor de los alumnos en la escuela, pero la separación de sus padres lo marcó mucho y comenzó a refugiarse en los amigos de mal vivir.

Así fue que se dedicó a probar drogas como la marihuana, el alcohol y otros vicios. Su soledad lo envolvía cada vez más, él no sabía qué hacer con su vida, había perdido todo el interés por él mismo.

Tan profunda fue la caída que tuvo que sólo iba a la escuela a robar y a drogarse. Lamentablemente, sus hermanos siguieron sus pasos.

El boxeo llegó a su vida como una solución para salir de las drogas, creyendo con todo su corazón que eso lo cambiaría.

Pero en el mundo del deporte conoció a muchas personas de su misma condición. Su vida empeoró más y más durante tres años continuos. El boxeo lo llevó a ser una persona impulsiva y violenta. Con solo 17 años poco a poco dejó el el gimnasio para dedicarse de lleno a la delincuencia y a las drogas.

Con una banda comenzaron a asaltar taxis y venderlos por partes en Tacora (un lugar peligroso de Lima). Inclusive, llegó a extorsionar a personas para obtener más dinero.

A pesar de la muerte de su padre continuó con sus malas juntas. Encontró algunos trabajos pero no duraba en ninguno.

En 1993 cae preso por tenencia de arma de fuego y asalto  en el penal San Juan de Lurigancho. Al salir de la cárcel volvió a caer en el robo y las drogas. Su madre nunca se cansó de corregirlo a pesar de que ya era un adulto.

La ceguera espiritual en la que vivía no le permitía ver el esfuerzo que su progenitora hacía por él, hasta que dos días antes de navidad, en el año 95, vuelve a caer preso y llega nuevamente al penal.

Continuó con el consumo de drogas dentro del penal, y fue allí donde se enfermó de Tuberculosis. Su madre era la única que lo visitaba y le contaba llorando que sus hermanos menores se estaban perdiendo también en el consumo de alcohol y drogas.

Tras algunos meses sufrió de un colapso pulmonar en prisión, pero no le importaba nada, él seguía en las drogas, ya pesaba menos de 50 kilos y uno de sus pulmones quedó inutilizado.

En esa condición dejó el penal. Al salir de la cárcel se dedicó a robar cerca de su barrio. Esto, junto al consumo de drogas y alcohol, lo acercaban cada vez más a una muerte segura.

Nació de nuevo

Para él su vida para ya no valía nada. Fue en esa situación que clamó al cielo y le dijo a Dios: “Señor haz lo que sea para que yo cambie”. Ese día la policía lo atrapó y lo llevaron otra vez a prisión. Ahí encontró a un amigo, pero lo notó distinto, algo había cambiado en esa persona  con quien se drogaba años atrás.

Su amigo tenía otro aspecto, se veía muy cambiado y con paz. El joven lo invitó a un servicio cristiano dentro del penal. Al principió se rehusó a asistir, pero en el fondo de su ser esperaba que ir al templo lo alejará de muchos problemas y finalmente aceptó.

Una mañana al despertar ya no podía levantarse, ni respirar y comenzó a sentir que su alma salía de su cuerpo. Estuvo con esa sensación durante tres días. Convaleciente fue al templo donde se entregó al Señor. Al levantarse entre lágrimas del altar sintió que ya no era igual. el Todopoderoso hizo algo extraordinario en su vida.

Al poco tiempo, Dios le abrió las puertas del penal para salir absuelto y los médicos notaron que el funcionamiento de su sistema respiratorio había mejorado milagrosamente.

Lo primero que hizo fue contarles a sus hermanos lo que Dios había hecho en su vida y ellos empezaron a llegar a los pies de Jesucristo.

Armando actualmente es un miembro activo de la iglesia del Movimiento Misionero Mundial ubicada en Quilca (Lima) y trabaja a tiempo completo en la obra de Dios.

12.10.2010 18:20

“Dios me salvó la vida dos veces”

Jobita Mandujano nació en  Cerro de Pasco y es la quinta de nueve hermanos.

Desde muy pequeña trató de salir adelante y escapar de un entorno de violencia y familiar. Si bien, su padre se esforzaba trabajando en una reconocida mina para mantener a su familia, él descuidaba el amor fraternal que necesitaba su hogar.

Cada fin de semana su padre gastaba casi todo el dinero que ganaba en diversiones banales, lo que obligaba a su madre a trabajar arduamente para suplir las necesidades suya y de sus hermanos.

El corazón de la pequeña Jobita guardaba mucho dolor y resentimiento. Su hermana mayor escapó con un muchacho y la furia de su padre incluso lo hizo decir que “las mujeres no sirven”.

Saliendo de la escuela consigue trabajar, generando un ingreso más para su familia. Sin embargo, los problemas continuaban por casa.

Es así que encontró refugio emocional en un profesor del colegio, a quien le contaba sus problemas. Este le propuso escaparse con ella, casarse con ella y que él la mantendría.

Luego de unos días, el profesor llegó a su casa totalmente ebrio y le dijo a  su padre: “Yo me voy a casar con tu hija”.

El padre de Jobita decidió enviarla a la ciudad de Lima.

Ella sufría porque sabía de los constantes golpes que recibía su madre por parte de su padre.

Vivió junto a su tía,  y comenzó a trabajar.  Entre sus múltiples empleos, llegó a laborar en una casa de estadounidenses donde la apoyaron en terminar sus estudios.

En medio de una vida juvenil llena de libertinaje, Jobita no imaginaba que su abuela estaba orando por ella.

Al pasar el tiempo, su hermano recibe a Cristo,  y comenzó a predicarle sobre aquel Dios vivo que había conocido.

Es así que Jobita empezó a asistir al templo sólo los domingos, sin compenetrarse tanto, porque creía que Dios no había hecho nada para librar a su hogar de la destrucción.

Las amistades la invitaron a una discoteca donde iban a consumir drogas. Ella pensó que eso la ayudaría a olvidar sus tristezas.

 Cuando salía esa tarde para reunirse con sus amigas, un auto la atropelló.  Sentía que su alma descendía a lo más profundo y sólo atinó a decirle a Dios: “Dame una oportunidad, dame una oportunidad”.

Al despertar estaba en el Hospital Hipólito Unánue y su hermano convertido a Cristo fue el único que llegó al nosocomio a cuidar de ella.

Parecía que todo iba a cambiar, Jobita había dispuesto su corazón para seguir a Cristo, pero no perseveró.

La voz de Dios

Viajó a la sierra y conoció a alguien con quien planificó casarse. Pero la muerte de su madre cambió todos los planes.

Con el transcurrir de los días, una joven se comunicó con ella y le informó  que estaba embarazada de su entonces novio. Jobita decepcionada corrió al puente más próximo para lazarse y terminar con su vida. Es ahí donde escucha una voz dulce quien le dice: “No lo hagas”. Ella queda paralizada y regresó a su casa entre lágrimas.  

Desde ese día comenzó a buscar a Dios y en el trabajo sintonizó un canal donde se trasmitía la Hora de la Transformación con el reverendo Rodolfo González Cruz quien dijo estas palabras: “Tú que quieres suicidarte, tú que has probado muchas cosas… acércate a Cristo”, y ella llorando abrió su corazón, fue a la casa de Dios y entregó su vida al Jesucristo.

Desde esa tarde rompió con todo compromiso secular y junto a su hermano ayudó a criar a sus cuatro hermanos menores.

Hasta el momento el Todopoderoso le ha mostrado que sigue siendo el mismo ayer, hoy y por los siglos porque él es un Dios de amor, ella ha prosperado y tiene muchos planes personales y espirituales para su vida.

Buscar en el sitio

Contacto

Derechos reservados - mmm zona 61 - Andres C